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miércoles, 15 de marzo de 2017

Caminando por Montevideo

Esta mañana me fui a desayunar con una amiga a un cafè. Cuando llega me cuenta que en la esquina hay una Manta tirada en la vereda, me muestra las fotos, una preciosa Manta Trapera! 




Primero pensamos que quizá estaba tirada, pero luego al ver los cartones de abajo, nos dimos cuenta que era la manta que abriga por las noches a alguien que duerme en la calle. Cuando salimos no quedaba rastro de la manta, se ve que su dueño ya habìa guardado prolijamente su manta y cartones para la próxima noche.

Con estas fotos de alguna forma queremos  darle valor a esa manta que alguien se encargó de hacer: guardando y recortando pedacitos de ropa que quedaba chica, que estaba muy gastada o recortes de alguna costurera, cosiendo unos con otros y formando cuadraditos que combinados dieron lugar a la parte de arriba de esta preciosa manta que aùn hoy, a pesar de estar en la calle, sigue abrigando a alguien por las noches.

viernes, 11 de julio de 2014

Taller de mantas traperas en Montevideo

Estuvimos en Cafe costura dando un taller de mantas traperas.




Precioso lugar que inspira y dan ganas de quedarse horas cosiendo! De hecho estuvimos unas cuantas horas, hasta que llegó la hora de ir a ver el partido y las mantas ya se terminaban.



Gracias Mariela por brindarnos esta oportunidad y Leonor por el apoyo durante todo el taller.
Vale la pena darse una vuelta por su web y ver cuantos talleres hay para ponerse a crear, aprender y hacer más llevadero el invierno.


*las fotos fueron tomadas por Cafecostura

martes, 10 de abril de 2012

¡Pica!

Luego de tomar un café en la cafetería del Teatro Solís, me puse a recorrer la tienda.  Fue una linda sorpresa encontrarme  el libro Mantas Traperas en un estante. 
No pude evitar sonreírme.

:-)



sábado, 13 de agosto de 2011

Para los que no pudieron estar..

Aqui les dejamos las palabras escritas de lo que habló Cristina Canoura en la presentación del libro "Mantas Traperas" en Montevideo. 
Muchas gracias Cristina.


Gato con explicaciones, como dicen Les Luthiers

Como buen ejemplar del periodismo escrito, hago honor a mi oficio, es decir prefiero traer algo preparado y leérselos. Al principio me daba vergüenza no tener el don de la oratoria, como lo demuestran muchas personas. Esas presentaciones hilvanadas, coherentes, circulares, que apenas precisan un ayuda memoria. Hasta que un día, hace años ya, acá en Montevideo, si mal no recuerdo en el Teatro del Centro, la escritora chilena Marcela Serrano se declaró incapaz de hacer una presentación oral de su obra, sin el apoyo de un escrito y casi pidió disculpas por leerlo.
El año pasado, vi en la prensa similares declaraciones de la periodista argentina Leila Guerriero, de la que me he vuelto fanática lectora.
Así que si ellas dos perdieron el pudor de declararse apegadas a la letra impresa ¿quién soy yo para llevarles la contra? Ese fue mi previo gato con explicaciones, para poder entrar de lleno a hablarles de esta maravilla de libro de las Mantas Traperas.
Me gustó desde el principio la esencia de la investigación, el impulso de sus autoras y, finalmente, el producto final ya salido del horno. Atrae, atrapa, invita a leerlo y, lo bueno es que una puede hacerlo por etapas: un día mira las fotos, las caras de las artesanas traperas; otro día lee su nombre y sus historias. O al revés, empieza desde el principio y no para hasta llegar al final. De un tirón nomás.
Como parte de mi oficio, desde hace décadas incursiono en el que ahora se llama “periodismo con visión de género”. Este es mucho más que poner en femenino los sustantivos proclamados genéricos para dar visibilidad a las mujeres. Es algo así como hacer un agujero en la tierra con el dedo, escarbar hasta encontrarlas, para ubicarlas en su justo lugar.

Si los periodistas, hombres y mujeres, hicieran este ejercicio en su práctica cotidiana, descubrirían que también los vaivenes de la economía nos afectan especialmente porque impactan en la vida doméstica; que también hay mujeres economistas que pueden responder sus dudas y requerimientos; que también ocupan lugares de punta en el área de las tecnologías de la comunicación, en el turismo, en los parlamentos y universidades y, en el medio rural.

La esencia del periodismo es la información y la búsqueda de noticias y, lamentablemente, las mujeres sólo suelen ser noticia cuando son víctimas de violencia doméstica, cuando delinquen, cuando encabezan asaltos, cuando tiran a un contenedor a su bebé recién nacido.

Por eso, sentí como una victoria escribir sobre Las traperas para la agencia argentina de noticias con visión de género. Artemisa.  Para mí las traperas son las mantas, son estas cuatro mujeres que las rastrearon hasta encontrarlas y son las mujeres que las hicieron. Y claro que toda la suma era noticia.

Hace muchos años, concurrí a un sexto año de la escuela de mi barrio, la escuela Costa Rica. Hacía una nota rastreando opiniones de porqué las mujeres no aparecen en la historia de nuestro país. Los niños me dijeron cosas como: “nada importante habrán hecho”, o “si quieren aparecer que escriban su propio libro”.

Y acá estamos, con un libro propio. Si Paula, Cecilia, Virginia y Hersilia no lo hubieran escrito, las traperas, las mantas y las mujeres que las cosieron, no hubieran existido.

Por eso, pienso, el libro tiene valor porque no sólo rescata una tradición textil que estaba en vías de extinción sino también porque pone en primer plano a sus protagonistas. Y así aparecen Hilda, María Emiliana, Silvio, Blanca Angélica, Marta, Alba, Brenda, Yolanda, Cristina, Estela, Rocío, María Concepción, Auristela, Graciela, Alda Inés, Marta. Provienen de diferentes departamentos, cada uno tiene una historia trapera, algunas cincuentenarias, otras más recientes, todas con anécdotas de cobijo y abrigo. También rica y valiosa la experiencia de los grupos de mujeres de Los trapitos, en Colonia Valdense; en Colonia Miguelete, Villa La Paz, Aiguá, el Cerro, Pan de Azúcar.

Quiero creer que este ejercicio de rescate de la memoria textil de este país de inmigrantes, ha servido también para devolver la autoestima  a las dueñas de las manos que confeccionaron las traperas, aunque sus trabajos no sean estéticamente armónicos y combinen la silueta de una camiseta recortada por sus costuras con formas geométricas imperfectas.

Si todo esto se logró, el libro vale; pero además vale, porque fue escrito por 8 manos de mujeres de diferente origen y profesión, que consiguieron plasmar una narración fluida, sin cortes de estilo; porque fueron capaces de darle voz a mujeres, muchas de las cuales guardaron durante casi medio siglo traperas que sólo tenían significado para ellas mismas.

Si el dicho de que “viejos son los trapos” descalifica a la materia prima para rejuvenecer, apenas con palabras, a quien siente el peso de los años en el cuerpo y en el alma, la aparición de estas Traperas, nos cambia la perspectiva. Fueron hechas con trapos, sí, pero no envejecieron. Hoy nacen y re-nacen por gracia de las investigadoras y autoras del libro, para que todos nosotros conozcamos su historia.

Cristina Canoura

En Montevideo


La presentación en Montevideo fue el 5 de agosto pasado en la Alianza Francesa de Montevideo. A pesar de ser pleno invierno fue una linda noche estrellada y la concurrencia fue muy buena.
Cecilia fue la oradora del grupo y nos acompañaron en la mesa de presentadores la periodista Cristina Canoura y Silvio Marzaroli, uno de los entrevistados para el libro. Muy agradable escuchar a ambos, cada uno con sus visiones sobre un mismo libro y proyecto.



Al igual que en Colonia, fue para nosotras muy especial este momento, con mucho afecto de todos los presentes, con alegrías y sobretodo muy agradecidas.






martes, 19 de abril de 2011

vivir y aprender - live and learn

María del Carmen es parte del grupo Ubuntu que trabaja en el Cerro de Montevideo. Ubuntu significa tú me enseñas, yo te enseño y así todos aprendemos. Esa es la filosofía de trabajo de un grupo de señoras que visitmaos hace unos dias. Damas de todas las edades desde 80 años hasta chicas jóvenes integran Ubuntu. En el grupo cada una trabaja como puede, no son exquisitas, cada una tiene su manera de trabajar y coser. Algunas hacen los trabajos a mano, otras a máquina. Las une una vocacion de servicio cultivada por la Iglesia Metodista de Uruguay.
Para nosotras se acerca el final del trabajo. Sin embargo siguen surgiendo anécdotas y contactos que nos cuesta ignorar.


María del Carmen is part of a grpup called Ubuntu that works on Cerro de Montevideo. Ubuntu means something like you teach me, I teach you and we both learn. Taht is the phylosophy of a group of ladies of all ages form 80 years old to youn girls that we visited last week. In the group each member works at their own pace. Some prefer hand sewing others machine quilitng. The Methodist church and a vocation for service is what unites them

For us the end of the work is near. However new stories and contacts keep coming up and they are hard to ignore.

miércoles, 6 de abril de 2011

Coco

Esta semana estuvimos conversando con Coco. Ella se crió en el rincón de las Gallinas, alli donde se forma un estrecho entre el Río Negro y el río Uruguay.

Cuando supo que estabamos juntando historias de mantas de retazos rescató de su memoria los acolchados que su mamá hacia cuando eran niños. Puso manos a la obra y reprodujo las mantas tal como las hacía su mamá.

Para Cocó la maquina de coser es una compañera. Le ha enseñado a sus hijos varones a coser. Nos contó que ellos hacen sus propios equipos para sacar miel de las colmenas. La máquina de coser que tiene se la regalaron ellos una navidad. Pero llegó a sus manos usadas porque mientras esperaban que llegase la fecha la usaron para coser y arreglar los trajes de sacar la miel.

This week we visited Coco. She grew up in a farm in a corner between the rivers Negro and Uruguay.
When she found out that we were collecting patchwork stories she remembered the quilts made by her mom when they were she and her siblings were young.
The an there she started sewing trying to reproduce the quilts the way her mom did.

Coco loves to sew and she told us how her boys (now grown up men) have learned how to sew. She recieved her sewing machine form the boys one Christmas. But she told us that the gift was used in secret form the date of the purchase until Christmas sewing suits for harversing honey.